WeSay Magazine
lunes 17 de diciembre de 2018

Blanca Alsogaray, la mujer del habano

Belén Fernández

Blanca Alsogaray, es sin dudas la mujer del habano. Dueña de La Casa del Habano y única mujer reconocida por Cuba para catar y asesorar sobre los puros, nos cuenta en una entrevista exclusiva como fue incursionar en un rubro tan machista. Hija de un amante de los habanos, heredó la pasión de su padre. En el ‘83, tras regresar del exilio al país se dedicó a montar el stand de la Embajada de Cuba, en La Rural junto a un socio. De todos los productos del país caribeño que se exhibían ahí, los que más le atraían eran los habanos. Fue ahí que vio la oportunidad de un negocio que hoy está por cumplir 30 años. Con trabajo y dedicación pudo demostrar que una mujer también puede saber de cigarros y logró el respeto de todos los fumadores, no sólo de la Argentina sino del mundo.

¿Cómo fue que te acercase al mundo de los habanos?

Mi padre fumaba y a mi realmente me gustaba, me encantaba sentir el perfume del habano. En un momento dado con un socio trajimos unas cosas de Cuba para una feria y fue ahí que yo decidí dedicarme exclusivamente a los habanos, en esa época en la Argentina había muy poca oferta. Había de alta regalía y de baja regalía, pero no había puntos medios. Había una empresa que importaba pero muy poco de alta regalía, entonces los fumadores se lo traían desde afuera. Yo tengo acá en mi local de 1930 telegramas de pedidos a la Habana desde la Argentina para que les manden habanos y después eso siguió. Nosotros empezamos a importar habanos de alta calidad y la verdad que la repercusión fue muy buena. Nosotros empezamos a importar a fines del 80 principios del 90.

¿Cómo está hoy el negocio de los habanos y la industria de éstos en el país?

Hace algunos años se vendían muchos habanos de baja regalía, de 30 a 60 pesos, eso mercado ha bajado mucho. En vez de fumarse uno todos los días ahora fuman uno por mes. Pero la venta de habanos de alta regalía no se ha modificado para nada. Los fumadores siguen comprando sus habanos y siguen fumando regularmente.

¿De qué forma se encuentra parada la mujer hoy en el mundo de los habanos?

Son muchas las mujeres que fuman pero en público hay pocas. Incluso cuando una mujer fuma en público el hombre la sigue mirando raro, incluso a mí que fumo hace 20 años me miran de forma curiosa. Yo siento que en eso no se ha avanzado nada, que hace 20 años te miraban por ser mujer y fumar y hoy es lo mismo. A mí la realidad es que no me preocupa para nada. En general muchos de los hombres que fuman sus mujeres también lo hacen y ni siquiera fuman los mismo habanos que sus maridos, eligen ellas lo que quieren fumar.

A mi local en general vienen a fumar porque soy yo la que lo manejo, pero sino en general la mujer fuma más en su casa que en público, creo que se siente más cómoda así.

¿Cómo es aconsejar a un hombre siendo mujer sobre qué habano consumir en un mundo tan masculino?

Es muy raro que haya gente que fume habanos y no me conozca, es al revés me preguntan cosas amenas y hasta me piden ayuda. No me pasa a mí hoy, pero obviamente que me pasaba al principio. Yo sabía muchísimo de habanos, llevaba más de 10 años fumando y me mirabany me cuestionaban todo lo que yo decía, la realidad es que yo no me hacía problema y seguía trabajando y aconsejando a aquellos que se dejaban asesorar.

Hoy no está de moda fumar y de hecho las legislaciones para el fumador son complicadas, ¿eso les juega en contra a la industria y a tu negocio en particular?

Es muy distinto. El cigarrillo vos lo prendes y lo apagas rápido, lo consumís con ansiedad y el habano es otra cosa. Para fumar un habano tenes que tener tiempo, es toda una ceremonia, el humo no se traga. Es mucho menos nocivo que el cigarrillo. En más, mucha gente que fumaba cigarrillo se ha pasado a los habanos. Además fumas un habano por día, hay días que ni fumas.  No es un vicio, podes estar 20 días sin fumar. Es un placer, te relaja. Vienen acá, se fuman un habano, se relajan y lo disfrutan, bajan los decibeles.

¿Cómo fue que tu hija también decidió incursionar con el mundo de los puros?

Todos mis hijos empezaron a trabajar conmigo y aprendieron del mercado y de la pasión. Mis hijos aprendieron a fumar conmigo.

¿Qué consejos le das a aquellas mujeres que están emprendiendo un negocio tradicionalmente vinculado al mundo masculino?

Yo considero que no hay cosas para hombres y cosas para mujeres. A mí me gustan los habanos fuertes y hay mujeres que les gustan los suaves. En Cuba en un momento se habló de hacer habanos para mujeres y yo les dije que estaban totalmente locos. No hay habanos para mujeres, es como un vino. Hay gente que le gustan los suaves, los fuertes, con madera, más frescos, con el habano es lo mismo. En general el negocio siempre se destinó a los hombres pero no es una cuestión de género sino de gustos.

¿Pero siendo mujeres cuesta más meterse en este mundo?

Si, no debería ser así, pero cuesta más. Al principio tuve que ponerle mucha más garra que un hombre. En 1995 se hacían degustaciones para los habanos nuevos y había una mesa de los históricos fumadores que iban a Cuba hace muchísimo tiempo, eran cinco personas y entre ellas me citaron a mí. Si bien me costó mucho, lo logré rápidamente. Fue un reconocimiento de que yo era igual que los demás. Al principio me miraban con desconfianza.

¿Cómo lograste ese reconocimiento por parte de La Habana?

Trabajando, viajando y demostrando lo que sabía. Es así, no achicarse nunca. No tiene que ver con una cuestión de género. Hay muchas cosas que se pueden hacer igual. Hay distintos sabores, pero las mujeres también. ¿Cuántas vendedoras hay hoy de vinos? Antes eso no existía. Todos los que representaban a las bodegas eran hombres, ahora no. Cuesta esfuerzo y trabajo, pero se logra. Hay que demostrar un poco más que el hombre, pero se puede.