WeSay Magazine
lunes 17 de diciembre de 2018

"Una no puede darle la espalda a tanta miseria”

Belén Fernández

Cristina Sánchez lleva adelante hace más de 10 años la Fundación Cálida Humanística, una organización social que se involucra con la comunidad Wichi del norte del Impenetrable de Chaco. Lo que empezó como una colecta solidaria para las comunidades aborígenes de nuestro país, terminó como su forma de vida.

Hoy cerca de 20 voluntarios viajan 1600 kilómetros una vez por año para llevarles herramientas, ropa y alimentos. "La primera vez que fui sentí que nadie los había visto que estaban olvidados", contó Cristina y es por eso que no sólo busca ayudarlos sino conocerlos y generar vínculos. Un ejemplo solidario que gratifica.

¿Cómo surge la Fundación?

Surge a partir de los talleres de desarrollo personal que brindo ya que dentro de los talleres hay un compromiso que tiene que ver con la comunidad. Vamos a geriátricos y comedores en toda la zona Oeste del conurbano. A partir de allí, los que pasaron por el taller me dicen que estaban juntando donaciones para llevar a comunidades aborígenes y yo me enganché con la idea y dije, yo los acompaño, porque me pareció bárbaro abrir el corazón y la idea en sí. Esto fue en el año 2006. Al acompañarlos yo me encuentro por primera vez con los Wichis que están al norte de Salta. Cuando vos descubrís algo que venías pensando, pero no es como lo imaginabas y ves lo que está pasando, te quedas en el lugar, no podes dejar la donación e irte. Ante tanta mísera vos no podes darle la espalda, no podes venir y olvidarte. Apareció de mi parte un compromiso de hacer algo más porque veía que había mucha gente para colaborar. Entonces organizamos la cruzada siguiente y allí nos dimos cuenta de que siendo fundación teníamos más posibilidades de que nos donen las empresas y entonces empezamos a hacer una red de colaboradores de amigos, familias y de todos aquellos que pasaban por el taller.

¿Cómo conociste el Impenetrable, cómo fue ese primer viaje?

Después a uno de mis talleres llega un señor que era de Chaco, Resistencia y me propone traer material para conocer el Impenetrable. Allí descubro un mundo desolado, voy hasta allá que son 1600 km desde Morón y me doy cuenta que el Impenetrable tampoco es como nosotros lo vemos desde Buenos Aires. Para empezar es muy grande y las donaciones llegan al portal, pero nadie cruza varios kilómetros por el norte para ver los que es la comunidad de frontera, porque es mucho el gasto y es mucho el tiempo que necesitas. Cuando llegamos a ese lugar, encontramos gente olvidada. Al principio estaban tímidos, después me conocí con el Cacique, ahí me dijeron que las donaciones no llegaban nunca. Para mi sorpresa me piden herramientas, porque saben trabajar la tierra, hacer ladrillos y carpintería, pero no tienen herramientas. Organizamos un viaje, que yo llamé el de "Las Oportunidades", porque a partir de ahí empezaron a hacerse las casas de ladrillos porque ahora quedan muy pocas chozas. Fuimos llevando chapas para los techos, a partir de ahí me involucré tanto que hice un listado de personas asique, con sus oficios y sus familias. Ya nos conocemos, ya no están más tímidos, nos reciben con alegría, ya nos conocen. El trabajo que hacemos es muy intenso porque llevamos de todo, llevamos hasta 70 toneladas con tres camiones. Ahí por ejemplo hay 160 familias, pero no son familias tipo sino sumamente numerosas.

¿Cómo es el choque de culturas? ¿Se siente?

Me cuesta mucho dejar la manera de hablar del porteño. La manera de hablar y las costumbres que tienen son muy diferentes, no miran a los ojos, no quieren que las mujeres les den beso. Algunos al principio no nos hablaban, algunos niegan abrazos. Nosotros los respetamos, no llevamos nada que pueda interrumpir en su cultura. No llevamos latas ni abrelatas, no queremos perjudicarlos, queremos fomentar que la cultura siga.

¿Cada cuánto se hacen las cruzadas?

Una vez por año, pero voy durante el año para hacer relevamientos porque hay parajes que nos necesitan.

¿Cuántos voluntarios hay?

Son cientas las familias que colaboran. Pero voluntarios que vamos somos 20 porque no tenemos un lugar donde quedarnos. Nos quedamos en Salceadito, que hay un señor que nos alquila su casa. Pero la comunidad no está ahí, sino a varios kilómetros.

¿Cuánto te cambió a vos como persona hacer estas cruzadas? ¿Cómo te sirve a vos?

En principio comprendí lo que significa lo que es un compromiso con el otro. Yo a esa gente no le puedo fallar, esa gente nos espera. El compromiso es la palabra más importante. No se pueden poner excusas si decís que vas a volver lo tenes que hacer, porque tienen necesidades y además no estamos para frustrarlos sino para llevarles alivio. Conectarme con ellos de apoco me convierte en una mejor persona y eso está bueno, porque ellos me dan la posibilidad de seguir reflexionando respecto de mi vida. Me dan la posibilidad de seguir creando valores y también hay que ser valiente para llegar hasta allá. Una llovizna te puede dejar en medio de la nada, a las 7 de la tarde tenes que estar arriba de la camioneta porque hay muchos animales, hay serpientes, arañas venenosas, hay que cuidarse mucho.

¿Cómo te acompaña tu familia?

Mi familia empezó conmigo y mi hermano junto a mi hijo. Mi hermano falleció y mi hijo me acompaña en todo lo que es gestión y logística. El resto somos todos amigos, nos ayudamos mucho. Estan todos comprometidos. Ninguno se imagina en dejar de ir a ayudar. Siempre pensamos en ir a otros lugares para ayudar. Yo llegué el martes de Chaco y ya tengo donaciones.

¿El Estado te ayuda?

Nunca fui atendida por ningún gobierno. La ayuda del Estado me vendría genial pero no para conseguir donaciones porque la gente sabe que lo que entregan llegan, tenemos todo muy controlado. El municipio me podría ayudar dándome un lugar en donde hacer el acopio. Siempre alquilamos una casita. Pero precisamos un galpón, lo quiero en comodato, yo lo mantengo, pero se me hace difícil pagar el alquiler de una casa grande. Subsidios por suerte no necesito. Me gustaría mucho tener un lugar en Morón.

¿Cómo se vinculan los talleres y tu profesión con la solidaridad?

Los talleres te hacen abrir el corazón, te hacen reflexionar sobre cómo estás viviendo tu vida en el aquí y en el ahora. Se conectan con sus propias familias, empiezan a abrir su corazón y dentro de lo que es el programa, hay una práctica que dura cuatro meses en donde los fines de semana van a instituciones para trabajar en terreno la parte empática. Podes escuchar mucho de la empatía, es fácil hablar desde un lugar cálido de tu casa, pero hay que ir al terreno y vivenciar que es lo que está pasando el otro. Me funcionó mucho que la gente vaya al terreno a trabajar, eso los transforma en personal vulnerables y dejar el automático. Y a partir de ahí comienzan las donaciones.

¿El argentino es solidario?

Si, absolutamente y si a eso le agregas responsabilidad con el tipo de donaciones. No es cuestión de llevar cosas sino ponerse a hablar con los aborígenes y ahí te das cuenta que hay cosas que no les podes llevar porque ellos no le van a dar uso. Por ejemplo no usan catres, no tienen la práctica del baño en su choza, son costumbres.